miércoles, 24 de noviembre de 2004

Ulises (Chapter 3)

El siguiente establecimiento - ya caragaba dos bolsas pese a contar con una mochila vacía a mi esplada; me apercibiría del detalle un par de horas después - fue una especializada en tarjetas de felicitación y artículos similares (estas tiendas son aquellas que no dejaras de ver sea cual sea la zona por la que te hayas perdido).
Podía omitir el detalle, pero como tampoco la razón para ello es especialmente consistente, lo volveré a destacar: la tienda era enorme - y eso que era una tienda de tarjetas de felicitación; tiene su mérito.
Pasé indiferente ante las miles de tarjetas que se ponían a disposición del público. Los compradores que recorrían los pasillos sí miraban con interés, yo me limitaba a curiosear peluches y todo lo no realcionado con tarjetas (que no era demasiado, pero teniendo presente resultados he dejuzgar al menos como "suficiente")
Abandono el establecimiento con una nueva bolsa. Y la mochila a la espalda.

El asalto a mi cartera me llevó entonces a tomarme el día con más tranquilidad. Aún curioseé algunas tiendas más, pero unas aproximadas cuarenta libras en la cartera y aún el día por delante, mermaban un poco el espíritu consumista que había logrado aflorar con anterioridad.
Un par de tiendas de juguetes por ver si encontraba algo para las jóvenes de Alcalá o las babies de Utrera.
Agua.
Otra más que se llamaba alg así como "The Perfect Gift" (no lo apunté).
Agua igualmente. "Perfect Gift"? Era un mix entre "todo a cien" - no he visto ninguno todavía y empiezo a dudar de su existencia en el Reino Unido - y tienda especializada en reproductores de DVDs portatiles.

Consulté la hora en el reloj de mi móvil levemente adelantado. Marcaba una hora aproximada a la una y media y me pareció pertinente localizar un sitio donde tomar my lunch.
Dí alguna que otra vuelta al edificio con objeto de encontrar el establecimiento donde pararme a comer; ni que decir tiene que fracasé en la misión - estaba el centro comercial tremendamente concurrido y al suficiente numero de personas ya se le habia pasado mi idea por la cabeza antes que a mi.
Supuso aquello que decidiese abandonar el Bullring.

La puerta por la que salí dió conmigo mirando de frente al mercado de abastos birminghanés (tengo anotado en "tareas pendientes" aprender el gentilicio correcto). Estaba a la interperie, junto a una catedral (distinta a la que se encuentra no muy lejos de las paradas de los autobuses) y junto a un cónico arbol de navidad estilo new age, de metal, metacrilato, unos veinte metros de altura y adornado con una gran estrella sumamente estrambótica en su punta.

La correspondiente ojeada al mercado me hizo plantearme si comprar o no leche y un KitKat, si adentrarme o no en él, si realmente había tanta gete como me dio la impresión de haber y si los espacios entre hileras e hileras de tenderetes no medirían mucho de más metro y medio como me pareció advertir.
Apunte extra es que volvía a estar cayendo la lluvia desganada de casi siempre, y como siempre indolentes los viandantes ante tal hecho.
Por supuesto pasé del mercado y entré en el edificio contiguo - no exactamente contiguo a la catedral - que se anunciaba en un cartelito colocado sobre la entrada que atravesé como "The Famous Rag Market".

Resultó ser el "Rag Market" una extensión de lo visto fuera. Era un gran pabellón que albergaba algo así como un gran bazar. Tenderetes con telas, todo tipo de ropas relativamente baratas extraídas a saber de dónde, cacharrería y baratijas, e incluso mazos de "cartas Magic" y de "Yu-Gi-Oh!".
Además había aún más gente que entre los puestos de frutas y verduras del exterior. Marchábamos en trabajosa procesión.
Nada me interesó realmente.

Después de dar bastantes vueltas encontré por fín un sitio donde me pude sentar tranquiilo a comer.
Había visto a mucha gete por la calle ingiriendo todo tipo de porquerías mientras continuaban sus respectivas caminatas. A mi no me convencía tal idea.
Llegé al "Café Giardino".
Las comidas ofrecidas se mostraban en paneles repartidos sobre la barra - hubimos los clientes de tomar unas bandejitas de madera donde nos servirían -. Yo me decanté por el plato de "Meat Lasagne" por ser lo más parecido a las comidas que había probado antes de dejar la madre patria.
Descubrí a la hora de pedir mi rancho que "lasagne" se pronuncia "lasaña"; quén lo iría a imaginar:
- Miit lasaing pliis.
- Miit lasaña?
- Yeh!
Meat Lasaign, chips (of course) and a Sprite.

Seis libras con no-recuerdo-cuantos-peniques (algo carillo) me permitieron disminuir el bulto de monedas de la cartera. Me senté en la mesa frente a la caja. Deje la mochila y el chaquetón en la silla dispuesta a mi diestra, y las bolsas con libros, articulos comprados en tienda de deportes y artículo comprado en tienda de "regalos tiernos y entrañables" en la silla opuesta al asiento que yo tomé.
Saqué la libreta y tomé unas cuantas notas de lo acontecido desde la visita a la primera tienda de deportes donde no compré nada hasta el momento actual (actual en tiempo del relato).
Allí me vino la magnifica idea de utilizar mi mocila para guardar las compras.

Tras haberme saciado suficientemente en el "Giardino" me dediqué al callejeo sin rumbo. No pretendía adquirir nada más y aún no tengo muy claro por qué me puse a dar vueltas de aquella manera (la teoría de mayor peso a día de hoy es que ví apropiado conocer las calles de la zona para andar con más soltura en una futura visita) . Pasé unas cuatro o cinco veces por la plaza de la Victoria, idem por diversas calles a las que siempre accedía por un sitio distinto. Me encontré con la iglesia cercana a la parada de autobuses de Bull Street cinco veces - las tres últimas fueron inintencionadas pues ya me había aburrido y buscaba simplemente la parada para irme a casa.
La sensación en aquel instante fue que la iglesia era algún tipo de extraño epicentro al cual confluian todos los paseos si no se oponía una concienzuda resistencia.

Pasó más de una hora desde haber tomado la determinación de dejar Birmingham hasta que logré dar con Bull Street.
NOTE: Aunque eso del callejeo salvaje tampoco lo veo una mala idea en el caso de llevar zapatillas de deporte - o en esencia, algún calzado más comodo que el mío.

Miré el panfletillo con los horarios de los autobuses que muy oportunamente había cogido de casa y guardado en la mochila.
El siguiente autobús pasaría a las siete y veintiuno.
Mire el reloj a las siete y cuarenta y tres - mi reloj está adelantado pero no tanto -. Me senté y extraije nuevamente el panfletillo de horarios. Sobre la columna con los puntos de ruta del bus que parte desde Bull Street hasta Tamworth a las diecisiete veintiuno hay una marca: "NS". Hice memoria y recuerdé la advertencia de Jose del dia anterior:
[Flashback]
- Pero tienes que tener cuidado porque hay algunos autobuses que no salen los sábados. ¿Ves este por ejemplo de las diecisiete veintiuno que tiene la "N" y la "S"?. "Not Saturday". Este no lo podrías coger.
- Mmmnn... vale, entendido.
[Fin del flashback]
El siguiente pasaba a las dieciocho treinta y uno. Pese a la lectura y apercibimiento del detalle, yo no dejaba de mirar los números de los autobuses que fluian constantemente a la calle.

Se hacia evidente el sueño y el cansancio en forma de constantes bostezos.

Una imagen en mi cabeza: mi cama.

(To be continued...)