domingo, 28 de noviembre de 2004

Ulises (Final chapter)

Cuando finalmente lleguó el autobus estaba demasiado cansado para curiosear la hora. Había rechazado también la idea de conectar internet, a mi llegada a la casa, y dediacrme a escuchar el Real Madrid contra el Barça; ya me enteraría al día siguiente tras un reparador sueño.

Tomé asiento - aproximadamente en mitad del bus, en el lado derecho - y empleé mi tiempo en dar pequeñas cabezadas durante el inicio del viaje.
Cuando me parecía haber estado descansando más de lo debido echaba un rápido vistazo al móvil y comprobaba que no había tenido los ojos cerrados más de cinco minutos la mayoría de las veces.
El móvil sólo me ofrecía comprobaciones sobre la ruta: duración de la cabezada que en ese momento hubiese dado y tiempo estimado para alcanzar Piccadilly Crescent. Mi cerebro ignoraba por completo la hora que pudiera ser. El duelo "Madrid-Barça Vs cama" había obtenido a su ganador por KO técnico.

Volví a levantar una vez más la cabeza después de otro intervalo de descanso.
Gracias le día a la Casualidad (de vez en cuando se presenta), que quiso que la jovencilla gótica - a cuyo lado esperé durante un rato en la parada de Birmingham y entonces ocupaba el asiento de detrás - tuviese algún problema más de lo que se podría suponer a la hora de abandonar la butaca para bajar: zamarreó mi asiento unas cinco o seis veces y aún no me explico como consiguió lograr tanto ruido sin carga alguna.
El torbellino sirvío para apercibirme de que nos encontrábamos ya en Kingsbury, en la parada de White Swan; ya solo habríamos de recorrer una milla para llegar a Piccadilly.

Me obligué a estar más despierto en espera de mi parada. No me costó mucho trabajo por haberme supuesto una inyección de ánimo el creer que mi aventura tormaba a su fin inminentemente.
Segundos más tarde de abandonar White Swan conseguí estar aún más despierto. Habíamos pasado de largo la carretera que lleva a Piccadilly. Nos adentrábamos un poco más en el coqueto Kingsbury. Pasar frente al Coop no entraba en lo previsto.

En la siguiente parada - aún en Kingsbury - subieron un montón de jovencillos prestos para iniciar una noche de marcha; me empezaba a suponer que en Tamworth, en el Chicago Rock y aledaños. Todos ellos, sin excepción, se dedicaban a ignorar los conceptos "frío" y "chaquetón o algo que abrigue".
Creí reconocer a una de las niñas como una de las camareras del hotel. Aproveché que pasaba delante mía para dejarle caer una mirada no muy disimulada esperando que ella si me reconociese a mi en el caso de que mis suposiciones fuesen ciertas.
Me ignoró y no le dí más vueltas al tema.
Y a partir de ese momento tomamos dirección a Tamworth, yo iba recuperando la vigilia exponencialmente, y los jovenzuelos comenzaron un cacarear que acompañaría al resto de pasajeros durante los veinticinco minutos de viaje restantes.

Cuando llegamos a Corporation Street - la calle donde se situan las paradas de autobuses en el centro de Tamworth -, ya había mirado la guía de horarios cinco veces y estaba bastante seguro de que el próximo autobús que saliera de Tamworth con dirección a Piccadilly era el ciento diecinueve que salía a las diecinueve veintisiete.
Eran las seis y media cuando abándone el autobús, y aún eran las seis y media cuando volví a entrar para confirmar con el chófer la llegada del próximo "to Piccadilly". Me dijo que en una hora llegaba.

A esperar una hora entonces. Siguiente escollo a solventar: me estaba meando.

Emprendí un nuevo paseo en busca esta vez de las calles comerciales - quedaban al lado, cincuenta o cien metros -. Chaquetón negro con el cuello alzado para resguardarme del frío tanto como me fuese posible, gorrito rojo y mochila.
Me encontré con un grupito de niños (les calculé unos quince años) sentados frente al Chicago Rock Café, todavía en Corporation Street. El gordito me dijo algo.
- Sorry? - ya por aquel entonces (la semana pasada) dominaba los "sorry's" a la perfección.
- To smoke, mate - me aclaró el gordito, haciendo el gesto de que agarraba un canuto con dedos indice y corazon, y repetidamente se lo acercaba y alejaba de la boca.
No me cupo duda alguna. Me preguntaban si podía proveerles de algún aliño para el tabaco.
- Haven't got. Sorry mate. See ya.
Con esas tres frases me despedí de los jovencillos fumetas y proseguí la marcha.

Alcancé el McDonald's, cuyos servivios utiliza Daniel cada vez que pasamos por enfrente (empiezo a pensar que lo hace "lo necesecsite o no"), y por fortuna seguía abierto en contraste con la mayoría de establecimientos restantes.
Entré y las chavalas del mostrador me dedicaron una mirada de la que deduje que me tomaban por un cliente. Me hice el despistado.
Miré tras la escalera. Ahí no había servicios ninguno.
Miré la mesa donde estuve comiendo la semana anterior. Seguía estando ahí. Tampoco ésa era la ubicación de los servicios. Me seguí haciendo el despistado ante el estupor de empleadas.
Subí las escaleras y me encuentré con un cordón y un cartel informando de que esa zona estaba ya cerrada. Dí por supuesto que los servicios debían estar en la planta de arriba.
Bajé las escaleras haciendome el despistado. Empujé la puerta. Y salí del McDonald's.

Mi vejiga no paraba de informarme de que necesitava una evacuación urgente, como si no lo supiese yo ya.
Calle abajo veo a una mujer salir de un callejón procedente del centro comercial. Pensamiento: "podría ser...".
La mujer no advirtió mi presencia. Se marchó. Y yo tomé el camino dejado por ella encontrándome con un centro comercial aparentemente vacío. Todos los comercios estaban cerrados.

Encontré los servicios. Cerca de la entrada un coche de bombero y un helicóptero por una libra te sumergirían en un fantastico mundo de vaivenes y pitiditos estridentes; pero decidí dejar eso para otro momento.
Cartelito de minusválidos. Cartelito de señoras. Cartelito de minusválidos y caballeros.
Dentro había una chavala encargándose de la limpieza de los lavabos. Era la primera persona que descubría en el centro.
- Can I use it? - le consulté un tanto apurado ante la idea de estropear su pulcro trabajo.
- ... - Me dedicó una mirada que llevaba escrito en castellano "qué se le va a hacer. Anda, arrea".
Entré en uno de los urinarios amparados con puertecilla. Me concentré en apuntar con toda la corrección posible e hice propósito de que si fallaba en algún momento, evitaría dejar constancia de mi falta de puntería utilizando un poco de papel higiénico.
No hizo falta.
- Cheers! See ya! - y salí de allí.

En el interior del centro comercial, el aire acondicionado hacía relativamente cómoda la espera del autobús. Me puse a mirar escaparates.
Un poco después estaba sentado en un banco dejando vagar libremente a mis ideas.
No tenía claro si el centro se mantendría abierto por la noche, o si por contra mi tiempo allí probablemente no fuese a durar mucho.

Y esa pregunta fue resuelta cuando apareció por la lejanía de uno de los pasillos un hombre ya entrado en años y que portaba un enorme manojo de llaves. Me dijo algo.
- Sorry? - espeté yo y me puse a caminar hacia él.
- You have to use that door, over there.
- That door? - le pregunté, más por confirmar lo entendido que por tener dudas sobre si me señalaba la única puerta visible (en el pasillo de los urinarios, el helicóptero y el coche de bomberos), o se refería a otra.
Empezó a caminar buscando en el racimo de llaves y yo seguía sus pasos.

Llegamos a la puerta que estaba abierta. La llave que buscaba sería para cerrarla una vez estuviese yo fuera. Me volvió a dedicar una buena racion de frases a las que no supe dar coherencia con lo poco que logré entender.
- Sorry. I know little English. I'm Spanish - eso solía funcionar para aplacar discursos acelerados, así que recurrí a la frase de marras-.
- Ok, ok. It's all right, it's all right - me dió la impresión de que con la nueva información el abuelete empezaba a encontrar algo de lógica al hecho de haberme encontrado sólo en el centro comercial al las siete de la noche-.
- It's not all right - respondí por instinto reflejo. ¿Puede estar bien no entender lo que otra persona te está diciendo? Me reafirmé en mi idea de que el rompecabezas del abuelete veía encajar por fin sus piezas; debía de ser eso -.
- Well... Pass across the garage and, in the end... turn right.
Confirmé la información repitiéndosela y escuchando su "yeh" aprobatorio.
Le dí las gracias y abandoné el centro comercial de Tamworth atravesando la planta del aprcamiento y girando a la derecha una vez que llegué al final del recinto.
Me encontré con el parque.

A las siete y cinco volvía a estar en la parada de autobús esperando al ciento diecinueve.
Los jovencillos fumetas habían abandonado su campamento de hace media hora.
Me senté y dí nuevamente libertad a mi cabeza para que se entretuviese pensando lo que le viniera en gana.
El cansancio de Birmingham había desaparecido.
Había dejado lugar a la impaciencia de Tamworth.

Al cabo de un rato apareció un hombre visiblemente sofocado que me preguntó a toda prisa por si ésta era la parada del ciento diecinueve.
Le dije que sí (considero un logro haber entendido todo lo que me habló ese personaje).
Acto seguido miró en el panel de la parada los horarios y me consultó por la hora que era.
- Twenty past - yo, escueto.
- What? Twenty past six, seven? - Nuevamente, me hablaba de una manera que parecía que le iba a dar un ataque cardíaco en cualquier momento.
- Seven - informé, mientras para mis adentros pensaba que ha de ser difícil vivir tan desorientado.
Pareció calmarse un poco, se retiró al pollete que rodeaba el parquecito de Corportaion Street. Y volvió la tranquilidad. Y en diez minutos estaría allí el autobús.

Entran en escena un joven, la chavala a la que tomé por camarera y que me ignoró en el autobús, y una amiga de ésta (supongo, ya que llegaron juntas). El chaval se queda depié tras la parada. Las niñas se sientan también en el pollete.

A las siete y veinticinco aparece un hombre (entrado tambien en años) de apariencia descuidada, pantalones vaqueros bastante gastados, zapatos que aún lo estaban más y camiseta de manga corta que permitía ver multiples tatuajes sobre sus brazos.
Éste si se refujió bajo el techo de la parada. Y para colmo comenzó a darme conversación.
Deduje por su aliento la ingestión de al menos tres pintas de cerveza y al menos el doble de cubatas.
- It's very cold mate.
- Yeh - le corroboré mientras moviá alejaba pies, dismuladamente, un poco de los suyos -.
A esto le siguieron una docena de referencias más al frío que hacía, sumadas a sendos sutiles movimientos míos tratando de aislar al borrachín en la parada.
Una ligera eclosión de sobriedad le hizo pensar que se estaba repitiendo un poco y viró la conversación (monólogo borrachucil aderezado con varios "yeh" míos cada vez que veía oportuno encajarlos).
Empezó a hablarme de no-se-qué de que no pagó el ticket la última vez que tomó el autobús. Se le veñia muy orgulloso de su azaña:
- Where is the ticket? There's not tiket mate, there's not tiket. And... job done, mate, job done. Weeee heeeee heeee - Risas borrachuciles mientras yo ponía cara de "impresionante, impresionante" y continuaba dando ligeros pasos procurando una lejanía cada vez mayor para con el borrachín.

A las ocho menos veinte aún seguíamos todos en la parada y una bajada de azucar había dado con el, hasta entonces animoso, borrachín en el asiento de la parada. Sus azañas y quejas meteorologicas me las relató estando depié.
Me dió por preguntarle al chaval sie staba esperando al ciento diecinueve porque empezaba a preouparme y si repartía pesar con más gente, obviamente cabíamos a menos preocupación por cabeza.
- Are you waiting for the one hundred nineteen?
- Pardon? - y yo que pensaba que la frase me había quedado bien; incluso mi pronunciación la dí por regular alta -.
- Waiting for the one-nineteen? - pensé que quizá los numeros no se le dieran bien al chaval y opté por simplificar -.
- Ah! the one-one-nine - el chaval me confirmó lo que pensé; los números complejos son para él aquellos de más de dos cifras -.
- Yeh!
- No, I'm not waiting for it.

Menos cuarto y el autobus sin llegar. Sólo se veía un autobús parado detrás de la plaza y la supuesta camarera atravesó el parquecito en dirección a él.
Yo regresé al resguardo de la parada que volvía a ser lugar tranquilo y seguro.

Un par de minutos despues regresó la chavalita y le dijo algo a su compañera y, luego, al hombre sofocado.
Escuché unos preocupados "Why?".
Escuché unos inocentes "I don't know" (NOTE: en este caso la traducción sería "y yo qué sé, habla tú con el chófer.").
El chaval de los números sencillos fue el siguiente en recibir la información. Más "why?" y yo me acerqué a ver que pasaba.
- The chofer have told me that there is no more buses today...
- Why!!?? - Lamentándolo mucho no pude reprimir my "why?"-.
- I don't know ¡ volvió a repetir la chavalita, esta vez a mí.
- Ok... cheers - resignación.

El borrachuzín dedicó un poco de atención a la escena, se levantó y puso fín a su papel en el relato. La rubilla-supuesta-camarera se apartó con su amiga a donde anteriormente estuvieron sentadas, extrajo un móvil de su bolso y llamó a alguien (a quien no conozco pero que presupongo sería un familiar o amigo que las devolvería a las dos a Kingsbury).
Yo le pregunté al chaval por la ubicacion de las "phone boxes" y me acompañó unos metros más adelante hasta que las tuve a la vista.

[Flashback]
- Sería conveniente que cuando salgas por ahí te lleves apuntando el número de la casa - Me apuntaba Jose la noche anterior cuando hablábamos de que iría a emplear mi día libre en visitar Birmingham -.
- Ok.
- Y el número de Toni también es bueno que lo tengas, si pierdes el último autobús y tienes que coger un taxi, Toni siempre te va a cobrar menos que caulquier otro. Luego te lo busco.
- Ok.
[Fin del flashback]

Cuando llegé a la cabina sólo tenía el número del móvil de Jose.
Tuve que utilizar una moneda de cincuenta peniques porque no tenía los veinte peniques que suponene el mínimo para poder llamar. Inserto la moneda y tecleo el número copiándolo de mi móvil, que previamente había dejado apoyado encima del teléfono, en el que previamente había localizado el número de mi "housemate" y lo mantuve en el display.
La intención era conseguir el número de casa para llamar a Daniel e intentarlo convencer de que viniese a recogerme.
El móvil debía estar apagado o fuera de cobertura.
Colgue.
Intenté tomar mi cambio a sabiendas de que las cabinas británicas no lo dan, y me llevé la primera algria en las ultimas horas. Ochentaydos peniques habían pasado en ese momento a ser míos.

Volví a localizar al chavalín de los números y le pregunté dónde podía coger un taxi.
- Over here.
Estábamos entonces frente a las paradas, al otro lado de la calle.
Llegó pronto un taxi. Le indiqué al taxsta que "to Piccadilly". El taxista que "Ok". Me despedí del predispuesto chaval de los numeros simples y, veinte minutos despues doce libras dieron conmigo en casa.



A costado trabajo pero...

"THE END" :)