lunes, 4 de abril de 2005

Ratones Coloraos

[Cayendo el 1 de Abril (noche)]

Aproximadamente las doce de la noche. Mañana trabajo a las tres y Peter Codd se había ofrecido a 'darme un lift' hasta el hotel cuando pasase por Piccadilly.

Las niñas y Billy se acaban de ir a dormir, Isaac está trabajando. Y Michael me prepara una taza de té.
Sin más razón que, simplemente, no estar en "mi" casa, tras almolzar tomé la decisión de pasar la noche en "la casa de Lea Marston".

He repartido algunos CDs recién grabados, he anotado las nuevas peticiones, probé con fortuna ante Billy la frase en indonesio que estuve ensayando en el autobús, con Isaac he reparado una bicicleta a la vez que hemos destrozado cuatro, hemos probado que la DreamCast no funciona en las teles grandes.

El té se ha enfriado un poco y lo puedo beber con placer. Michael vuelve a tocar su guitarra. Música que incita a la calma.

Antes de bajar al salón, donde me encuentro, estuvimos los Indonesios, las niñas y yo, divagando durante un buen rato. En un momento puntual hablamos de Jose, y Billy, queriendo saber si se encontraba ya en Piccadilly, lo telefoneó.
Entonces iba en el tren hacia Tamworth.

Pensé en volver a la casa y esperarlo. Tengo ganas de hablar con él. Pensé que Peter Codd aún estaba trabajando y no tendría ningún inconveniente en llevarme de vuelta a Piccadilly. En el reloj del móvil de Billy ví que se me había hecho tarde. Aunque me diese prisa en llegar al hotel posiblemente ya no encontrase a Pete.

Cuando me despedí de Ini en Bull Street, no tardé en sentir la necesidad de reprochar, más energicamente esta vez, a Jose, que no hubiésemos sido capaces de anticipar aquel encuentro.

Soy plenamente consciente de que la testosterona condicionará, en mayor o menor medida, mi forma de sentir y pensar. Pero aún tratando de ser frío, no puedo dejar de sentir envidia al conocer a algunas personas con las que Jose a convivido.
Alejandra, venezolana, encantadora.
Masumi, el mismo día que la conocí hude de decirle adios, entrañable.
Ini, sin palabras, abandonando el registro formal del texto: "la caña".
Para gran parte de las personas con las que he tratado, antes de nada, soy un inmigrante.

Es interesante comprobar como la soñolencia empieza a destruir los pequeños muros de represión que a Conciencia nos imponemos.

Y concluyendo, antes de ir a dormir, vuelvo a hacer retórica clamando que no me parece justo que Ini vaya a pasar por mi casa, se encontrará con muchos de vosotros, y posiblemente a su estancia no acabe siendo más que una turista o una inmigrante por culpa de la ****** del lenguaje.

Que la paz sea con vosotros. Buenas noches.