miércoles, 6 de octubre de 2010

Que me voy a Islandia!

Ahora sí. Ahora sí que sí. Para el que guste de analizar paralelismos, el enlace al escueto post en el que anunciaba mi marcha al país natal de Rowan Atkinson es éste de aquí: Que me voy!

Pues he tardado lo que se dice un poquito demasiado - os podéis remitir al histórico de la derecha - en caer en la cuenta de que si no voy a estar dispuesto a transformarme en un ciudadano más o menos modélico, de esos que hacen a una madre sentirse orgullosa, no me queda otra que hacer honor a mi alias cibernético y desde hace  aproximadamente una semana ando preparando la mudanza a Islandia.

A día de hoy todavía no hay nada confirmado a excepción de que a finales de Enero yo voy a estar desembarcando en el aeropuerto de Reikiavik. Lo primero de todo: la reserva del vuelo; la renovación de los documentos y la consecución de trabajo y alojamiento en Islandia son nimios detalles que me toca ir resolviendo a continuación. Respecto a lo del trabajo, estoy pendiente de la contestación a una solicitud que envié a una tal Ninukot, que viene a ser el equivalente a Europractice - la empresa de colocación en el extranjero que me gestionó la primera salida - con la salvedad de que Ninukot no es una empresa con ánimo de lucro, con lo cual es previsible que la respuesta se demore lo suyo y más aún habiéndoles indicado finales de Enero como fecha de disponibilidad; el 28 para más señas.
En cuanto a las condiciones y preferencias que el application form daba lugar a indicar, expuse que me pueden mandar a donde más les convenga, que de preferencias geográficas nada, y los tres puestos en orden de prioridad que tuve que marcar fueron: horticultura, trabajo en granja y hostelería. Además de mis preferidos realmente, son los menos exigentes en cuanto al dominio del idioma.
Ya estoy también aprendiendo algo de islandés, al margen de que según tengo entendido, por allí la mayoría de los nativos deben de saber desenvolverse en inglés. Es una conclusión que saco tras haber visto un recorte del teleprograma islandés en mi libro de texto. Según la información que recogía, en la segunda cadena de allí la mitad de los programas son emisiones norteamericanas traídas tal cual, sin adulterar, como por ejemplo el show de Oprah Winfrey, el equivalente norteamericano a "nuestro" Diario de Patricia. Me veo yendo al cine en alguna ocasión contada, pero el sano hábito de no ver la tele salvo en algún caso excepcional lo pretendo mantener. Lo que me interese ver en formato no cinematográfico no me cabe duda de que seré capaz de hallarlo vía internet. Y para esos menesteres, en mi lista de preparativos pendientes se encuentra la tarea de hacerme con un Nokia N900; uno de esos chismes con los que te puedes conectar a internet, que sirven de agenda, que le puedes meter tus vídeos y juegos no demasiado ostentosos, que echan fotos y graban vídeo, con GPS de ése para que te diga para donde tienes que coger cuando vas en el coche y que además, si se encarta, te permite llamar por teléfono e incluso recibir llamadas tú. Es relativamente caro, pero por lo que he estado mirando me trae más cuenta hacerme con uno que andar cargando con tres o cuatro aparatos distintos que en ocasiones tendría que interconectar - por ejemplo cámara y portátil - cuando en el smart phone todo está unificado. Pienso esperar casi a última hora para comprarlo confiando en que estas navidades habrán de aparecer modelos superiores que devaluarán al N900.

Ya queda poco en mi habitación. Mi colección de juegos y consolas ha acabado en Ebay, buen número de regalos con más o menos valor sentimental se encuentran hacinados en una gran caja de cartón, mis libros infantiles los doné a las bibliotecas del colegio y el instituto del barrio. Hasta mi colección de libros de Terry Pratchett (descontando los de mejor edición que se los regalé a mi prima Ana) está prestos para ser vendidos en Ebay. Me tienta mucho adquirir un lector de libros electrónicos. Tengo también mi colección de Pratchett en formato digital, así como muchos otros libros que me apetece leer pero no en la pantalla de un ordenador. El caso es que me da la impresión de que la tecnología de estos aparatos aún no está todo lo madura que debiera y que de esperar tan sólo un año más ya habría en el mercado modelos a los que prácticamente no se les pudiese poner ningún pero. No sé. A lo mejor también me llevo a Islandia el lector de marras. La tarjeta SD con mi selección de libros ya la tengo...