miércoles, 16 de febrero de 2011

El club de la gallina

Empiezo a escribir desde la reunión del club de las gallinas. Sentado frente a una de las mesas que se han colocado en fila rodeadas de sillas. Al principio, a las seis éramos sólo nueve, los ocho mienmros de comité y yo. Un grupo de amigotes de edades dispares entre los quince y setenta años calculo. Ambiente muy distendido, galletitas, café, refrescos y bombones sobre la mesa. Muchos comentarios que levantaban sonrisas y cada vez que se trataba un nuevo punto a incluir en la consiguiente reunión general Britt me lo traducía por lo bajini. Uno de los puntos era que los trabajadores del edificio de apartamentos para viejillos cuya cafetería usamos ahora se han quejado de haber visto animales en ella. Obviamente. Ahora está semiatestado el lugar, cuatro mesas llenas. Yo tengo dos folios en noruego con texto y datos a tratar. Entre Britt y la otra secretaria en funciones han leído para la concurrencia una y otra página. Antes me tomó por noruego la muchacha que se sentó a mi lado preguntándome si estaba libre la silla, me puse medio nervioso al excusar mi desconocimiento de su idioma y fue cuando me dijo que es que parezco noruego. Ahora aplaudimos no se qué a intervalos. Aquí aparco. Ah, al final el flujo de miembros paró pronto, somos unas veinte personas. Un jovencillo de desproporcionadas orejas y cara arratonada ha rebajado la edad mínima y acaban de pasar el cepillo para pagar el piquislabis; he saltado mi turno tratando de aparentar una desentendida elegancia dejando claro a todos los no enterados que vengo invitado en todos los sentidos. La tertulia se ha abierto en varios frentes tras una larga oratoria reforzada a base de mazazos sobre la mesa. Britt, como responsable secretaria no para de tomar notas entre chiste y chiste. Ahora es la tesorera, la antigua secretaria en funciones, la que lleva la voz cantante. En estos momentos parece que se trata el tema de las quejas por la entrada de animales (pollos y gallinas) en la cafetería. Y Britt toma la palabra, enseña un cartón con huevos y ahora está junto a sus pollos desarrollando la presentación que tenía preparada. Salvo yo que escribo estas notas, el resto de participantes escucha con atención. Bueno, no la tesorera que anda más pendiente de rellenar su taza de cartón de café. El gallo de Britt está montando una escandalera que ha conseguido medio interrumpir la reunión. Proseguimos y el gallo empieza a aburrirse de ser ignorado. Los humanos han vencido nuevamente. Voy a intentar leer, no espero ningún giro espectacular reseñable. Saludos desde el club de la gallina.