miércoles, 16 de marzo de 2011

El Club de la Gallina 2

Otra vez me he acercado con Britt al club de la gallina. Antes hemos pasado por la residencia de rehabilitación donde se encuentra su madre pasando unos días; lugar éste pensado para que los viejillos se pongan en forma, retrasen sus respectivas atrofias, se entretengan un rato o se depriman al ser despojados de su ambiente doméstico y del contacto con aquellas personas en quienes han depositado su confianza a la hora de encontrar un apoyo cuando maniobran sus cuerpos parcialmente impedidos. Tal es el caso concreto de la madre de Britt. Se le iluminó la mirada como si recibiese los primeros rayos de sol tras un lustro de oscuridad cuando nos vio aparecer a la puerta de su pequeño y sobrio cuartucho. He de decir en mi favor, esto es, con el único propósito de echarme algunas flores, que a la viejilla le dio hoy por hablarme sólo en noruego, y a la tercera repetición de cada frase conseguí descifrar y responder oportunamente.
Hoy Britt está intentando integrarme durante la reunión que está teniendo el comité en estos momentos, preparación previa de la reunión general que comenzará en breve. No se presta el ambiente mucho a que yo pueda tener otro rol que el de figurante exótico pero como el grupo es de sonrisa fácil aproveché un comentatio de Britt que me puso a huevo idenficarme personalmente como secretario de la secretaria para contribuir con mi granito de arena a la dinámica risueña que flota de manera continua en el ambiente.
Me acaban de hacer entrega de un pin oficial del club de la gallina de Hordaland. Soy un privilegiado, no me cabe duda. Britt repartía y el primero ha sido para mí aunque hoy no me encuentre sentado a su lado. Ya tenemos todos los que estamos sentados a la mesa, y echando un ojo a la bolsita con las insignias restantes no me cabe duda de que ningún miembro se quedará sin la correspondiente. Certidumbre que, he de apuntar, no invalida ninguna aseveración anterior.
Ya se ha abierto este ala de la cafetería que hace de salón de reuniones para que se vayan incorporado los demás miembros. Caras nuevas con respecto a mi primera visita al club. Casi el doble de parroquianos y dos pequeños patos en el jaulón que durante la última reunión estaba ocupado por el pollo y la gallina que trajo Britt.
Ha habido una ronda de presentaciones en la cual la mía, que fue de las últimas, escueta y bilingüe, remití a cualquiera que quisiera saber más sobre mí a la secretaria del club. Más sonrisas y carcajeos a cuenta de ello. Cuando dos turnos después le tocó a Britt, ella colaboró completando un poco más mi presentación en el idioma nativo.
Se conversa ahora siendo muy respetuosos con el turno de palabra aunque no lo suficiente como para que de vez en cuando no encuentren hueco las bromas y chascarrillos que hacen de este club de la gallina una de sus señas de identidad. A mí me ha servido esta variación en el ambiente de la reunión para recodar que había empezado a usar el móvil con objeto de recordar, apuntándalo a la vez que os lo comentaba, que Britt me había pedido que le recordase algo antes de que nos marchemos a casa una vez acabada la sesión. Como es evidente he olvidado de qué se trataba aunque, la verdad, no creo que eso importe. Ella sabrá de qué se trata.
Cuando empezaba a hacérseme larga la ordenada terulia hasta el punto de plantearme si podría ser capaz de arrancar el Angry Birds y entretenerme un rato con el juego en el que te dedicas a catapultar pollos, tiene lugar un receso que aprovechan varios participantes para curiosear la morfología y comportamiento de los dos patitos del jaulón. En un momento se han organizado unos cuantos corrillos y esto al fin parece lo que se podría esperar que fuera, incluso se han olvidado de los palmípedos que disfrutan momentáneamente de una cierta tranquilidad.
Y aquí, justo antes de que tenga lugar la rifa que pone fin a las últimas reuniones del club de la gallina, me despido de mis queridos lectores hasta la próxima ocasión. Saludos, con pin, desde el club de la gallina.