lunes, 7 de marzo de 2011

Visita a Voss

Hoy vamos de camino a Voss, el siguiente gran pueblo o ciudad que sigue a Bergen en dirección Este; Britt no se aclara a la hora de definir los sitios con un término específico y me tiene un tanto despistado con este tema.
Hace un rato me he despertado a la hora de siempre, las ocho y veinte, siendo por cierto uno de los primeros días en ser yo el último en planta; descontando a Lizzy suelo ser el más madrugador cgracias a a colaboración de la alarma de mi móvil.
Dag ocupaba el baño y yo hice tiempo preparando un desayuno a base de té de fresas y lo necesario para unas cuantas tostadas con aceite y las chacinas ibéricas enviadas desde la casa de Alcalá. Dag salió hecho un pincel con su uniforme de marino listo para acudir al curso especial de maniobras nocturnas a gran velocidad que lo tendrá entretenido casi durante un par de semanas. Nos despedimos antes de que yo lo relevara en el baño para librarme del aspecto legañoso que muy posiblemente llevaba.
Ahora estamos en carretera por caminos que llenan la mirada de montañas, abetos y nieve. Los tres elementos en asombrosa abundancia. Por momentos recordaba el circuito de la nieve de Sega Rally pero la verdad es que por lo exagerado que me resulta la abundancia recién mencionada, esto me parece mucho más exótico que lo que podía contemplar en los entornos de mi bien conocido circuito digital.
Nos hemos separado en frente de la oficina de empleo y citado en el mismo punto dentro de una hora. Por supuesto, nieva, pero no hace frío para lo que acostumbra a hacer. Me puedo permitir el lujo de prescindir de los guantes, lo cual me viene bien para andar usando cada dos por tres el n900.
No debo fiarme casi nada del suelo donde piso. Lo constato caminando alrededor de la antigua iglesia de piedra, caminando por el acerado justo al otro lado de la calle y observando el parsimonioso paso que marcan los nativos. También hay que andar ojo avisor para reparar en dónde termina la acera y comienza la carretera, la nieve dificulta esta apreciación. Necesaria pero sin llegar a crítica porque los conductores también se toman su labor al volante con la tranquilidad que estas delicadas pistas requieren.
A los cuarenta minutos de paseo me he encontrado con una estatua de bronce que por un par de segundos tomé por un mimo callejero. El sentido común y un vistazo menos superficial me hizo corroborar que por muy necesitado y aclimatado que pueda estar algún nativo, este lugar y esta época del año no se prestan a tal exhibición. Por cierto, la figura representa a una anciana sosteniendo un cesto con lo que puede que sean bollos de una fotma un tanto lastimera. Esto último tal vez no sea otra cosa que una impresión subjetiva mía.
Iba a sacar la foto de rigor para principalmente justificar mi veredicto pero un silbido que precedió a la aparición de Britt interrumpiría mi empresa y de paso mi crónica durante un tiempo nada desdeñable.
Visitas a un par de lugares de interés turístico que encontramos cerrados, a un sky resort que contemplamos desde la lejanía, café express con un hiperactivo amigo de Britt que venía de una reunión de negocios y se despidió a toda prisa para atender otra y por último nos encontramos de manera casual con la jefa de Britt y uno de los chavales afganos del centro de acogida. En resumidas cuentas, sumándole varias visitas a pequeños establecimientos comerciales, en esto ha consistido la jornada en Voss.