miércoles, 13 de abril de 2011

Terceras partes: El Club de la Gallina

Tercer y, en principio, último día que me dejo caer por el club de la gallina de Hordaland. Las galletitas, los refrescos y la cafetera ya están distribuidos estratégicamente sobre las dos mesas que mantienen en reunión al comité del club y a el emisario campobeateño quien suscribe. Por discreción me abstengo de meter mano al plato de papel atiborrado de galletas maría y barquillos de coco aunque el voraz picoteo de mis compañeros me esté haciendo salivar de mala manera. Momentáneamente la tertulia no pasa de ser un monólogo en el que el presidente en funciones apenas da tiempo para que Britt inserte sus réplicas chistosas de rigor. Britt es dura de pelar y en nada consigue equilibrar la conversación e incluso lograr que otros se animen a participar de forma homogénea. Sólo nos hemos mantenido en silencio los tres ocupantes del extremo en que me encuentro sentado: el jovencillo de cara arratonada, un hombre mayor al que no voy a describir en más detalle porque a saber qué puede pensar si me giro a observarlo con avieso interés y, otra vez, el emisario campobeateño, yo Bruce para más señas.
Al mismo tiempo que el timbre de la entrada no para de sonar anunciando la llegada de nuevos asistentes a la reunión posterior ,presiento cómo, e alguna manera ,los barquillos de coco se regodean sosteniéndome la mirada. Tiene lugar el receso previo a la reunión general para que los rumiantes miembros del comité se disgreguen y entreguen a diversas charlas de ininteligible contenido.
Media docena de huevos van a parar a las manos de Britt. Ella se ha traído tres docenas de casa que por lo que veo ya ha colocado a un par de miembros, uno de ellos es el jovencillo de cara arratonada que se ha quedado con una de las tres. El cambalache de razas ha comenzado y terminado en un abrir y cerrar de ojos.
La reunión comienza con un resumen que hace Britt sobre lo acaecido en la reunión nacional a la que acudimos la semana pasada. Reconozco el tema del discurso al atrapar la palabra "Preikiestol" casi al principio del mismo. Hace una pausa que interpreto como el fin del informe porque la parroquia aplaude entre sonrisas aunque la secretaria aún se extendería un poco más.
Hoy presenta a sus animales, un gallo y una gallina de plumaje negro, verde y anaranjado, la misma mujer que antes le hizo entrega a Britt de la media docena de huevos. Haciendo memoria, ella tampoco participó en la tertulia previa. Nada más comenzar a exponer se le notan claramente las ganas que tiene de dejar de ser el foco de atención lo antes posible. Los parroquianos no tienen problemas en concederle esa pequeña satisfacción.
Hoy es día de apreciar y examinar huevos para los miembros del club. También para descubrir que con las linternas de los móviles se puede comprobar el contenido de éstos de una forma tan eficiente como con las pequeñas linternas que se diseñan específicamente para esta tarea.
Y llegado a este punto d y tras apuntar que me confundí respecto a los destinatarios de los huevos de Britt durante el cambalache,oy por sentado que, al menos para hacernos una idea, hemos tenido suficiente de esta tercera
esión del club de la gallina. Saludos del emisario campobeateño, asiduo infiltrado en el club de la gallina.